Me pasaba muy seguido el querer invitar a todo mi circulo social, familiares, amigos, amigas a querer compartir todas las emociones que me da nadar/leer un buen libro/programar/etc.

Involucrarlos de alguna u otra manera en las actividades que yo hago.

Hasta cierto punto sentía frustración al no poder compartirlo con alguien.

“Pfff, (tal persona) debería estar enfrentando estos retos. Seguro le cambiarían la vida.”

Sin duda experimentaba drama de muy bajo desempeño al pensar esas cosas.

Con el tiempo, aprendí a dejar de hacer eso.

Poca gente llega a comprender el punto. Muy poca gente se une a tu cruzada.

El dejar de lamentar la ausencia de las personas te entrena a tener una inmersión más profunda en las cosas que te gustan, en las cosas que te desafían.

¿No es suficiente conmigo? ¿Por qué habría de necesitar de alguien más aquí?

No dependas de alguien para complementar tu experiencia. Abraza los retos que se te presenten.

No te imaginas cómo se afinan tus recursos psicológicos y emocionales haciéndolo.

Aquí estás tú. En esto. Ahora. Y con eso es más que suficiente.

Abraza el reto.

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